No hay Arcadia perdida a la que mi voz vaya , ni palabras , ni gestos que a la abúlica voluntad satisfagan.
No hay más que la cariada osamenta grotesca de un sueño , que en ciego torbellino , de anegado suelo despega.
No hay más surcos que el de un bulto sombrío en el vano cauce de un río preñado de hastío.
No hay más aura que la de una madrugada exhausta , que en el declinar de su marcha de transparente espuma se baña.
No hay mayor revuelo que el de una tormenta que errante vaga y al alma socava como punzante daga.
No hay más que un mañana que calla y esconde su voz almidonada.
No hay más que una poesía , que al afecto proclama y mendiga ; y a solsticios de miedos y deseos prodiga.
Hay tardes negras que la memoria lapidan y a todo paraíso perdido olvidan.
Hay tardes negras que la memoria lapidan y a todo paraíso perdido olvidan.
