Salpicas gotas de muerta lluvia en la fachada de la posada , en la que un peregrino herido de olvido dormita.
Te refugias en converso paraguas , cuando la húmeda Aurora despliega sus tersas y maternales enaguas.
Te declaras apóstata de blancos sueños e interiores paisajes , embelesada por el fragor de un nuevo oscilante viaje.
Ya no son elásticas las noches , inmunes a los amaneceres y a sus reproches.
Ya no hay lágrimas fosilizadas bajo el antifaz de la soledad.
Ya no hay voces de ausencia , que sumidas en el estupor de la nada llamen a la puerta.
Ahora una luz negra sangra ; y , perversa , arranca , mata los colores de una acuarela , que se diluye sin dejar la menor estela.
Ahora que se cincela un epitafio con afilado garfio , baja cadencioso , chirriante ,despacio, el telón de un viejo y olvidado escenario.
Prisionero me quedo entre tu llanto y mi miedo.
Prisionero me quedo entre tu llanto y mi miedo.
